De la JMJ 1989 a la JMJ 2011
DE LA JMJ EN SANTIAGO DE COMPOSTELA 1989, CON EL LEMA“YO SOY EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA” CON JUAN PABLO II
A LA JMJ EN MADRID 2011, CON EL LEMA “ARRAIGADOS Y EDIFICADOS EN CRISTO, FIRMES EN LA FE” CON BENEDICTO XVI
Entre los casi un millón de chicas y chicos jóvenes que se encontraron en el Monte del Gozo con Juan Pablo II, estábamos Dulce y Javier, que hoy como “jóvenes” militantes de nuestro equipo de vida de la Acción Católica General, ACG en el sector de adultos, nos dirigimos a vosotros los jóvenes que vais a participar en la JMJ de Madrid 2011. Compostela marcó un antes y un después en las JMJ, y en buena medida dio forma a lo que, desde entonces, han sido estos grandes encuentros juveniles. La Jornada marcó también a toda una generación de jóvenes cristianos españoles y de otros países de todo el mundo.
Recordar ahora nuestra experiencia en aquellas jornadas en Santiago nos remonta casi 22 años atrás y nos rejuvenece el espíritu. Agradecemos de corazón la oportunidad que nos brindáis de compartir con vosotros aquellos momentos, además, de aquel noviazgo que comenzó en 1988 y que se tradujo en matrimonio en 1995 tenemos dos hijas encantadoras de 14 y 11 años, Blanca y Carmen que descubren y alientan su fe en la ACG en el sector de niños y jóvenes y que nos siguen teniendo “conectados” con vosotros LOS MÁS JÓVENES.
Hace casi 22 años (ya somos cuarentañeros, que no cuarentones), en agosto de 1989, Santiago de Compostela acogió la cuarta Jornada Mundial de la Juventud, que reunió a casi un millón de jóvenes de todo el mundo. Bajo el lema “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”, vivimos unos días inolvidables, en los que un Juan Pablo II interpelador y lleno de energía animó a los jóvenes a descubrir su vocación, a buscar incansablemente la verdad, y a no tener miedo de ser Santos.
Habíamos acudido a Marín (Pontevedra) varios días antes de la presencia del Papa, al encuentro nacional de J.M.V movimiento juvenil al que pertenecíamos. Allí compartimos 4 días con otros jóvenes y preparamos el encuentro con el Papa; el día que partimos hacia Santiago nos dieron un saco de basura como saco de dormir, dos plasticos al vacío de chorizo y dos barras de pan, ese era el kit de supervivencia para pasar dos días al aire libre en el monte del gozo, os podéis imaginar toda la caminata desde Santiago al monte cantando y saltando, como llegaron el pan y el chorizo, y la noche al raso en pleno monte con el saco de basura y con el frío que hizo, síntomas de congelación unos cuantos; pero la ilusión de escuchar al Papa y la compañía de miles de jóvenes lo hacían todo más llevadero y disimulaban los rostros de cansancio.
Y llegó Juan Pablo II… A Santiago de Compostela llegó un Karol Wojtyla joven, cercano, que fue directo a nuestro corazón joven, fabuloso orador, y mejor comunicador; en la Vigilia nocturna, el Papa entre otras cosas, nos alentó a los jóvenes del mundo a la defensa de la familia y de la vida y a contribuir en la tarea de la nueva evangelización. “Vengo a comprometeros -dijo el Papa a los jóvenes- en la construcción de un mundo donde resplandezca la dignidad del hombre”.
Al día siguiente celebramos la Eucaristía, y el Papa profundizó sobre el lema “Yo soy el camino, la verdad y la vida”, e hizo sentirnos a los jóvenes laicos, evangelizados y evangelizadores.
Después, como todo lo que empieza acaba, nos tocaba la vuelta; primero hasta Madrid para pernoctar en un colegio de las Hijas de la Caridad y darnos una buena ducha, que después de dos días tirados en el monte y rodeados de tierra negra, se atrancaban los desagües de lo que traíamos encima. Y luego la vuelta hasta Murcia, a seguir en la brecha y a mantener viva esa llama que Juan Pablo II nos acababa de encender, que lo que tiene sentido es fortalecernos viendo que otros jóvenes del mundo, piensan, sienten y sueñan como nosotros, pero eso tenemos que trasladarlo a nuestra vida cotidiana, no dejando que se apague la llama de la verdadera luz en nuestro día a día.
Queremos terminar con unas fotos de aquel encuentro; con una frase de Juan Pablo II: “¡No temáis, abrid de par en par las puertas a Cristo!”; y con unas palabras de Benedicto XVI el día de la beatificación de Juan Pablo II: – Con su testimonio de fe, de amor, de valor y de gran humanidad “ayudó a los cristianos de todo el mundo a no tener miedo de llamarse cristianos, de pertenecer a la Iglesia, de hablar del Evangelio”. En una palabra, “ayudó a no tener miedo de la verdad, porque la verdad es garantía de libertad” y devolvió a los hombres la fuerza de creer en Cristo - .
Un abrazo, Dulce y Javier
